20020
Puede que los diseñadores gráficos, visuales, etc. no hagamos el trabajo más importante del mundo. No tiene, desde luego, un impacto tan grande como el que puede realizar un ingeniero que hace misiles (en este caso impacto literal), el de un científico que descubre la cura para la malaria o el de un bombero que salva vidas.
Pero es una profesión con un objeto claro y que tiene muy pequeños pero continuos impactos en nuestras vidas. Se trata de optimizar la comunicación, la transmisión de ideas y conceptos, organizar visualmente la información para que la relación del usuario con lo-que-sea, resulte lo más sencilla y rápida posible. Desde la interfaz de un cajero automático a la entrada de un cine, desde el cartel de un concierto al envoltorio de un chicle, intentamos que un mero vistazo empiece ya a comunicar, desde antes de leer nada, lo que vas a encontrar detrás.
Hoy la candidatura olímpica de Madrid ha presentado su marca para Madrid 2020. Es un logo realizado por un estudiante de diseño. Se supone que, como todo logo olímpico, representa el hermanamiento de todos los continentes y países, todas las razas mezcladas, el ensalzamiento del espíritu olímpico, la Puerta de Alcalá, bla, ble, bli, bla, ble, bli.

A mí lo que me transmite, como a muchos otros diseñadores y no diseñadores, es inexperiencia, falta de profesionalidad, cierto aire playero pocho, de colchoneta y balón nivea, un 20020 (que no 2020) grande como una catedral, un Madrid con tilde en la i, y una relación de tipografías que haría llorar al niño Jesús.
“No, que pone m20, no 20020”. ¡Peor aún! Como introducía, el trabajo de un diseñador es hacer de mamporrero de la comunicación. Si lo primero que el espectador interpreta es erróneo o induce a confusión, es que el diseño ha fallado en su cometido estrepitosamente.
No quiero desde aquí hacer sangre contra el diseñador del logo. Es un estudiante, y como tal está aprendiendo. Algo peor hubiese yo parido cuando estudiaba, seguro.
El problema es precisamente que es un estudiante, es esa costumbre de encargar a no profesionales la labor de diseño arraigadísima en nuestras instituciones públicas (y algunas privadas).
Ya pudimos ver hace poco el ridículo cartel de los carnavales de Mérida, hecho por algún funcionario loco o hijo de funcionario no mayor de 8 años del ayuntamiento. Aquella atrocidad se justificó por la falta de dinero. Estupendo, ¿encargarías también el diseño y construcción de un puente a un estudiante para ahorrarte un dinero? Reconozco que las consecuencias de una cosa y otra difieren. Mientras que el puente puede matar a unas cuantas personas, un logo o cartel horribles solamente matan unos millones de bastoncillos y conos retinales y consiguen el suspiro de un colectivo (el de diseñadores) por otra parte dado al victimismo.
Pero lo que está claro es que si Madrid pretende vender su capacidad organizativa y su “molonismo” como ciudad, la primera impresión es exactamente la contraria, de organización amateur y cutre. Por poco que hayan gastado, es un dinero tirado a la basura, porque resta, no suma.

Gnocchi alla Francesco Schettino
Se me ocurrió esta receta más o menos cuando el malogrado crucero Costa Concordia encallaba allá por la Toscana, dejando unos cuantos muertos y la magistral actuación de su capitán, que no sólo abandonó el barco antes que las ratas, sino que aseguró haberse caído en un bote salvavidas, así en plan “yo estaba al timón, salvando la situación, y de repente, no sé cómo, me caí en un bote salvavidas y luego aparecí en mi salón con el mando a distancia de la tele en la mano. No me explico cómo pudo pasar”. Ese prohombre se llama Francesco Schettino, y como dudo que le dediquen algo más en su vida que una declaración de amor homosexual en su celda de la prisión de Calabria donde posiblemente terminará alojado durante unos años, he decidido elevarle esta receta.
Ingredienten
1 bolsa de Gnocchi Rana (me gustaría hacerlos yo mismo, pero hasta que sepa hacerlos, los Rana están bastante bien)
Media cebolla
100ml de nata
2 dientes de ajo
150g de champiñones
Nuez moscada
Pimienta blanca molida
Albahaca
80g de queso azul
Licor de miel polaco, aunque creo que whisky o brandy pueden valer igual
Aceite de oliva
Sal
Azúcar moreno
Prokzedimient
Por un lado, en una cazuela con una buena cantidad de agua, cuézanse los gnocchi. Poco misterio hay aquí.
Por otro lado, cójase una sartén de tamaño medio, no muy baja. Échesele un chorrillo de aceite y precaliéntese a un 40% del calor que su sistema de cocinado sea capaz de dar. Córtese la media cebolla muy fina, extremadamente fina y deposítese en la sartén. Sofríase durante unos minutos, añadiendo tres o cuatro cucharadas de azúcar moreno para que se caramelice.
Cuando la cebolla esté blanda y ya haya cambiado de color, añádase el ajo muy bien picado, y un minuto después, los champiñones cortados en láminas. Súbase la potencia del fuego a un 65%-75% y remuévanse los champiñones para que vayan pillando aceite y colorcete. Viértase en este punto el licor que se tenga (poco, no más de un chupito), y añádase la sal y la pimienta. Siga removiéndose el tema hasta que el alcohol se haya consumido, todo esté mezclado y los champiñones ya no estén crudos. Añádase entonces la nata, el queso azul desmigajado, una generosa cantidad de albahaca y un par de sacudidas de nuez moscada. Bájese el fuego a una potencia del 25% y remuévase, poniendo atención a que el queso se deshaga bien en la mezcla. Continúese en este estado de las cosas hasta que la salsa se vaya espesando.
A estas alturas del proceso, los gnocchi deberían estar perfectamente hechos. Escúrranse y láncense sin temor sobre la sartén. Mézclense lenta y obscenamente con la salsa durante uno o dos minutos y siéntase orgulloso de su trabajo.
Acompáñese esta receta de un buen vino blanco, una luz apropiada y una caja de condones de buena calidad. Porque sí, amigos, esta es una receta de las de follar (aunque téngase en cuenta que el sabor es intenso, así que evite lanzarse sobre su presa con la salsa a medio tragar, tenga un poco de decoro, hombre).
Más música! Red Dons y Autolux
Dos bandas que conocí el año pasado, pero que por buenas razones (una se me pasó completamente y para la otra me faltaba ya fuelle) decidí no incluir en mi anterior post, son Red Dons y Autolux.
Los primeros, Red Dons, ex-Observers, son una banda de punk de manual, punk platónico. Pero siguen el manual tan impresionantemente bien, con tanta determinación y energía, que es complicado no descubrirse ante ellos.
Son originarios de la costa oeste americana, de Portland (Oregon), cosa que se nota en su sonido, aunque después se desparramaron cada uno por un país del mundo.
Suenan así:
De la segunda banda, Autolux, os advertiré que tienen un primer disco (“Future Perfect”) bueno, buenísimo, y un segundo (“Transit Transit”) que se puede definir como un monumental psé. O eso, o yo no lo he escuchado bien. En cualquier caso, son tan diferentes que nunca dirías que son del mismo grupo.
Ese primer disco, en el que me centraré, contiene una colección de canciones muy sólidas, que parecen hechas 10 años antes de cuando realmente fueron hechas (2004). Suena a noise-rock, a Sonic Youth, a bar infecto de Malasaña circa 1996, a mini de cerveza a 300 pesetas.
Descubrimientos musicales definitivos de 2011 (4 de ¿4?)
Llegué tarde, lo sé, pero es que la Nochevieja se comió mis deberes. Espero que sepáis disculparme, y confiéis en la validez de este último (creo) post sobre los mejores descubrimientos musicales que hice en 2011.
He dejado para este último post (a medias entre la casualidad y la intencionalidad) unos cuantos grupos de rock. O “rock”, así, entre comillas.
Los primeros grupos tienen en común el haberse caído en la marmita de la oscuridad de pequeños, para luego salir y caerse en la del LSD. Los últimos ya no.
Suuns
Pie IX by Suuns from Secretly Jag on Vimeo.
Estos tíos me encantan. Son canadienses, son oscuros y son raros de cojones (como la mayoría de canadienses, por otra parte). Suuns tienen de momento un solo disco, Zeroes QC, consistente en una portada en blanco y negro y un puñado de canciones que mezclan una dosis bastante generosa de electrónica machacona con rock de todos los pelajes, casi instrumental (pero sólo casi). Es un disco extravagante y tan variado que no sabría cómo etiquetarlo. A veces quizás demasiado variado, no sabes muy bien a qué atenerte de una canción a otra, pero siendo su debut, me parece extremadamente prometedor.
Moon Duo
Moon Duo es, como su nombre parece indicarnos, un par de personas que hacen música juntas. Si a veces os suena ligeramente a Wooden Shjips, bravo, habéis acertado. Una de las dos personas es Erik Ripley Johnson, de Wooden Shjips. La otra, una tal Sanae Yamada. Es, junto con Soft Moon, otro de los proyectos que me cautivaron el año pasado cuando me puse oscuro y melancólico (un poco de palo, nunca he sido melancólico).
Aunque posiblemente con más frecuencia os suene a Suicide, que es su influencia más evidente. Bases electrónicas en forma de bucles espartanos y antiguos, guitarras con un reverb espacial… todo para generar un ambiente misterioso y psicodélico.
Japandroids
Voy a descansar un ratito del adjetivo “psicodélico” con este dúo de Vancouver.
Hacen algo así como noise de los 90, un sonido vitalista, rápido y distorsionado que podría ser perfectamente la banda sonora de ese momento en que te vas de viaje con tus amigos y os ponéis a saltar en medio del campo a cámara lenta y con encuadres así como torcidos y luego lo recuerdas de esta manera el resto de tu vida, con esta banda sonora y los encuadres, y en realidad no sabes muy bien por qué fue tan memorable porque no estabais haciendo nada en especial. Pero la memoria y los momentos especiales funcionan así y así se lo contarás a tus nietos, que con toda la razón pensarán que chocheas.
Muy recomendables.
My Bloody Valentine
¿Qué? ¿My Bloody Valentine como descubrimiento de 2011? Pues sí, qué vamos a hacerle. Los conocía, había oído alguna canción esporádicamente, pero jamás les había prestado demasiada atención hasta este año.
No os hablaré mucho de ellos porque queda un poco ridículo hacer como que os descubro un grupo mítico de hace casi 30 años. Noise pop, shoegazing… ya sabéis.
A Place To Bury Strangers
Más noise rock, shoegazing, dark wave, etc., esta vez sólo de la década pasada.
APTBS es una banda neoyorkina que debe más que una pequeña inspiración a Jesus And Mary Chains y los propios My Bloody Valentine. De todos modos, su primer disco (homónimo, 2007) tiene un montón de canciones sólidas como el hormigón y adictivas como (no, no haré la comparación, os debo un respiro). En fin, cojonudo. El segundo (de 2009) es algo más flojete, pero tampoco como una segunda legislatura del PSOE.
Future Of The Left
Con el noise en las velas, empezamos a virar hacia el punk, esta vez de Gales (no os perdáis el vídeo de arriba, por el amor del cielo). Realmente no sé qué decir de ellos más allá de que son cojonudos y que, por supuesto, tenéis que oírlos. Un sonido cortante, sin sofisticaciones pero lleno de giros, registros, sorpresas y humor. “You need Satan more than he needs you” es uno de los mejores títulos de canción que recuerdo.
Fucked Up
Seguimos adentrándonos en los dominios del punk/hardcore. Este año también he conocido a Fucked Up, una banda canadiense (y van… voy a tener que replantearme muy seriamente la idea de emigrar a Toronto) que me ha dejado completamente loco. Aunque debo puntualizar aquí que centro mi devoción prácticamente en un sólo disco: The Chemistry Of Common Life (2008), a mi parecer una absoluta obra maestra. Los demás no me emocionan tanto ni de lejos.
Fucked Up cumplen con las leyes del hardcore en su gritos guturales, su ritmo generalmente a toda hostia, sus descargas de guitarras sin concesiones… pero te sorprenden continuamente echando mano de una complejidad y variedad estructural, instrumental y melódica que no son ni mucho menos tan canónicos en el punk. Esto y la longitud de las canciones, en la región de los 4, 5, 6, 7… 18 minutos de duración.
Otra cosa a destacar es la presencia de su frontman, Damian Abraham, que haría llorar de terror a Magneto.

Y hasta aquí llega el pequeño resumen de lo que más me ha marcado sonoramente el ya por fin finado año 2011.
Por supuesto, hay un montón de cosas que también me han gustado y me dejo en el tintero, ya sea porque no les he dedicado el tiempo suficiente, porque no me han convencido tanto, o porque realmente sólo me han emocionado unas pocas canciones: Holly Golightly, Vivian Girls, Crocodiles, Lana del Rey (en este caso tengo la sospecha cada vez mayor de que es un gigantesco farol), Gruff Rhys, Autolux (joder, Autolux, tengo que escribir otro post sobre ellos)…
Quizás esto sirva para empezar a escribir más regularmente. Muy probablemente no, pero aún así, con haberos descubierto un proyecto del que hayáis dicho “¡eh!”, me doy por contento.
Descubrimientos musicales definitivos de 2011 (3 de ¿?)
No todo lo que he descubierto musicalmente este año ha sido fruto de la investigación en zocos, arcanas bibliotecas de órdenes secretas masónicas y Pitchfork.
Buena parte de lo que más me ha gustado han sido recomendaciones directas o indirectas que me han hecho.
Wooden Shjips
Esto llegó de la mano de Clara hace unos meses, y se convirtió de forma urgente en una de mis bandas favoritas. En realidad los había evitado durante un tiempo porque confundía el nombre con el de otro grupo que no me interesa nada.
Wooden Shjips, según pone en la Wikipedia, son de San Francisco y hacen rock espacial/psicodélico. ¿Algo puede sonar mejor que esta etiqueta?
Riffs de guitarra pesados, primitivos y MUY repetitivos, una voz lánguida, un sintetizador que si fuese más retro sería un clavicordio, todo junto crea una atmósfera… pues eso, espacial y psicodélica.
Cults
El responsable de esto es Situ. No, no del vídeo ni de la canción, pero sí de que haya conocido este proyecto.
Cults es un duo que hace lo que en los años imaginarían del rock del futuro. No, qué tontería, en los años 50 pensaban que esto sería la música del futuro. Dejémoslo en que hacen un indie pop actual pero con clarísimas influencias de la música popular de los 50 y 60, una cosa dulce y asequible sin resultar moñas, y con arranques más cañeros de vez en cuando.
Lüger
Lo que hizo Marco no fue una simple recomendación, nada de un “apúntate esto en Evernote”, sino un regalo. Un disco como regalo de cumpleaños, más concretamente. Y acertó de pleno.
Lüger es un grupo madrileño de rock psicodélico (género al que he dado DURÍSIMO este año, asúmelo si piensas seguir leyendo) sumamente interesante. Tiran bastante de lo que la década de los 70 echó al rock: temas muy largos, muy repetitivos, evocadores, riffs en ocasiones cuasi stoner. Se dan en ocasiones un aire a Primal Scream.
Crystal Stilts
Grupazo neoyorquino que descubrí gracias a una lista de Spotify de Jacobo.
Crystal Stilts hacen, según se dice por ahí, post punk, que es un poco la etiqueta que pones a una banda cuando no sabes cómo etiquetarla.
Tienen un registro bastante variadete, que cubre desde rock para irse a la playa a hacer un guateque/barbacoa (que quizás sea esta la mejor definición de post punk) a garage rock, algo de psicodelia también…
Escuchadlos atentamente.
Y creo que hasta aquí llegan las recomendaciones que más me han gustado del año. En el siguiente, todo rock.
Descubrimientos musicales definitivos de 2011 (2 de ¿?)
Después de tanto apocalipsis y tanto dark ambient, voy a darle a la música marianista; normal, como Dios manda.
Danger
Danger es otro electrofrancés muy del palo de Kavinsky. Es decir, electrónica bailable con enormes reminiscencias ochenteras, de videojuego de 16 bits (sí, como su propio teaser de aquí arriba muestra, es mucho más de SuperNintendo y Sega Megadrive que de Master System y Atari).
Que haya oído, sólo tiene publicados 3 EPs que ha ido sacando a lo largo de 4 años, también muy a la Kavinsky. Pero qué tres EPs, oigan.
Nicolas Jaar
Nicolas Jaar es un estadounidense-chileno de VEINTIÚN años que hace una electrónica minimalista, intimista (joder, qué adjetivos uso), y en el caso de su último (y primer) LP “Space is only noise”, buena, muy buena.
Soft Moon
Soft Moon es exactamente lo que yo haría si tuviese el talento, la paciencia y los conocimientos necesarios para emprender un proyecto musical. Dicho esto, supondréis la emoción con la que descubrí este disco claustrofóbico, oscuro, monótono. Podría ser mi disco favorito del año fácilmente.
Soft Moon es un tipo de San Francisco, un tal Luis Vasquez, con evidente cariño hacia Joy Division, Neon Judgement y lo protoindustrial y siniestrillo en general.
Dirty Beaches
Si los archivos de Spotify se rayasen por el uso, con el Badlands de Dirty Beaches lo habría logrado este año.
Dirty Beaches es Alex Zhang Hungtai, un taiwanés que emigró a Canadá a protagonizar su propia peli de David Lynch y ponerle banda sonora.
Lo que hace es un hijo bastardo entre el rockabilly y la música industrial extraordinariamente lo-fi. No es monoaural de milagro.
Resulta una interesante mezcla entre lo familiar y lo perturbador.
Me voy acercando al rock, que en realidad es el grueso de lo que he escuchado este año. Pero lo dejaré para la decena de posts posteriores (posts posteriores parece tartamudez escrita).
Descubrimientos musicales definitivos de 2011 (1 de ¿?)
Se acerca el nuevo año y nuestra cultura (que es de las pocas que conozco) nos impulsa a hacer repaso de lo vivido en los últimos 12 meses.
Este repaso para la mayoría de ámbitos adquiere en mi caso la silueta precisa de una mierda pinchada en un palo, Pero si me he de quedar con algo que merezca la pena listar aquí, eso es la música que he descubierto, pues este año he efectuado un par de blitzkriegs musicales que han ampliado generosamente mis dominios.
Empezaré con los hallazgos (y cuando digo hallazgos no pienses que he subido hasta un templo en lo más alto del Cáucaso y he bajado de allí a unos músicos melenudos que jamás había oído nadie, son descubrimientos personales, algunos de ellos tienen muchos años y otros son de sobra conocidos, pero por alguna razón no me había fijado en ellos):
Para One & Tacteel - Fair enough
En realidad conocía ya a Para One (el típico productor electrofrancés), pero este año he oído su notable asociación con Tacteel en forma de EP. El disco contiene sólo 5 temas, pero que abarcan una buena variedad estilística, dentro de lo bailable y asequible. No te cambia la vida, pero mola.
The Suicide Of Western Culture
Esto consiste en dos ¿barceloneses? que han hecho uno de los mejores discos de electrónica que recuerdo en los últimos años. Baja fidelidad, ruido retro y un ambiente de desasosiego e inminente apocalipsis. Para mí ha supuesto algo similar a lo que fue el “From here we go sublime” de The Field en su tiempo.
Oneohtrix Point Never
Sin duda mucho menos asequible que los dos artistas anteriores, ya que el ruido y el ambient desafinado incomprensiblemente no petan las pistas de este país.
Es como si el apocalipsis que anunciaban los Suicide Of Western Culture ya hubiese tenido lugar y sólo nos quedase deprimirnos.
Su sonido se da un aire a Boards of Canada o a Emeralds, pero más de bajón.
Tim Hecker
Abundando en lo distorsionado y ambiental, Tim Hecker lleva ya tiempo dedicándose a esto, pero por una u otra razón, yo no lo he conocido hasta este 2011. Y lo he conocido de mano de un discazo como Ravedeath, 1972, un canto a la desolación y al dejarse morir en la cuneta de una carretera abandonada. Sosiego, mal rollo, fatalismo y en general mucho schopenhauerianismo es lo que nos suministra este artista.
[editado] Neuron
Es curiosa la trayectoria de los proyectos musicales que he ido mencionando. Involuntariamente (no del todo) han ido partiendo de lo más “normal” hacia la destrucción de todo lo que es bueno y cristiano musicalmente hablando, para dar paso a la abstracción sonora, al ruido. Neuron podría ser el último paso en este recorrido de lo que he oído este año en electrónica (no, en 2011 no le he dado al ruido ni a las locuras dodecafónicas, señal clara de que me estoy haciendo viejo).
Es música para flotar en una sopa primordial, en un charco de hidrocarburos de Titán, por ejemplo.
Me suena que es un proyecto también español, aunque no pondría la mano en el fuego.
Nos quedan 2 días de 2011 y unos 358 proyectos musicales de que hablaros, voy a tener que contratar a un crítico musical que me haga de negro.